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Cuento corto perdido en la red en donde en uno de sus pasajes se hace una reflexión sobre lo que podemos acercar a la "seguridad" pero que jamás será aceptada "tecnicamente" por la "academia", y que por supuesto jamás será "politicamente correcta" para las autoridades o poderes que tienen a su cargo de dirimir las responsabilidades en los accidentes, pero que resulta en otro punto de vista, más humano por cierto, sobre el origen de algunas causas básicas de los accidentes...
FIRST CLASS Ya es un lugar común, esta denominación para un espacio reservado al estatus. Era la Primera Clase de los viejos aviones yanquis de la Pan AM , donde las señoras subían de peluquería y necessaire y los caballeros de traje de alpaca a la zona de fumadores. Aquellos comandantes habían volado en la segunda guerra y habían cambiado el uniforme repleto de medallas por el “glamour”de los uniformes de los pilotos de línea comercial. Los de hoy, sólo se limitan a estrellarse con 500 personas a bordo cuando tocan algo (decolaje y aterrizaje) y el resto del trabajo los hacen computadoras, piloto automático y comunicaciones precisas en aeronaves, ciertamente tecnológicamente cada vez más a prueba del inefable “error humano”. Esa “cagada profesional” que hace que en algunas ocasiones, tanto el cirujano como el empresario, deban salir a algún pasillo a dar explicaciones de los muertos que dejan. Los pilotos no explican nada, porque se mueren con su error y únicamente sobreviven “cajas negras” (morbosas cintas de los últimos momentos de la tripulación y sus diálogos. First Class se llama el quilombo “de súper luxe” que queda a la vuelta de mi trabajo. Mi tío Marcial ha estado invitado por la administradora del local a “pasar revista” al infartante escuadrón de mujeres que atienden durante 40 minutos y por 100 dólares: políticos, empresarios y toda la cream masculina de la sociedad montevideana. Repasando nombres; hasta Bin Laden se ha tomado un par de cervezas en First Class y si no subió a ninguna suite de la maravillosa casona, es porque su religión se lo ha impedido. Ser puta –dice Marcial- es algo extraordinario. Es mucho más importante que ser madre –agrega. Fíjate que ser madre, multiplica la especie; un verdadero espanto. Lo miro seriamente con mi pesada mochila de la maternidad proveedora incansable de hijos notables para la sociedad en un abrir y cerrar de piernas, y le increpo. -Vamos tío!!! …no podes afirmar esas cosas. Y ya en tono despectivo, agrego – No me vas a decir que les falta trabajo, .naaaaa…. ¿por qué no van a lavar pisos? - grito ya- parafraseando a Doña María- a lo que Marcial devuelve con la precisión de un Federer en un tie break. -No lavan pisos por 12 mangos la hora por la sencilla razón que ganan 100 dólares cada 40 minutos, 6 o 7 veces al día. O sea, ni siquiera un piloto comercial gana esa guita. Encima, no sienten nada, detestan y humillan a los tipos que les pagan y vuelven a sus casas con todo lo que sus hijos necesitan. Por otro lado – agrega. ¿Qué hijo notable y qué sociedad notable conoces vos? Porque yo sólo conozco sociedades de mierda con hijos de puta. O sea ¿cuál es la diferencia? Trevor A. Silverstein – Comandante de American Airlines, llegó a Montevideo el 23 de enero con las primeras luces del amanecer y borracho como una cuba, negociaba con un par de chicas a medianoche, la tarifa por unas horas de compañía. Tiempo que no podía exceder las 5 de la madrugada del 24, ya que a esa hora debería subir a un boeing 747/400 a despegar rumbo a Miami. Ningún pasajero de ése vuelo conoce al amigo Trevor, como tampoco otro destino personal que no sea el boleto a Miami. Eso es lo fantástico de vivir. La impronta de no saber nada y nada poder hacer para neutralizar a terceros que muchas veces tienen influencias decisivas sobre nuestras vidas. Por eso –dice Marcial- da lo mismo dos atados diarios de cigarrillos que una casa o ciudad libre de humo de tabaco. Inexorablemente un estúpido microbio acabará con tu existencia cuando sea la hora. Un microbio, un freno mal aplicado o hasta un Comandante inescrupuloso de una aerolínea. Te sientas y viajas hasta tu destino final. Fumes o no fumes, sentencia el tío con gran pragmatismo Para muchos, vivir la vida, es una larga lista de procedimientos heredados, sublimados y enaltecidos por los Estados que ponen funcionarios celadores de tiempos y espacios por los que viaja nuestra existencia. Algunos viajan directo, otros con muchas escalas y algunos se rebelan y se quedan en lista de espera, sabiendo que jamás irán a ése mostrador a preguntar si algún lugar quedó libre para ocuparlo. Marcial es de esos tipos. Con la billetera de Trevor y dos mil dólares en la mano me sonríe y me dice. Una cerveza en First Class: $ 200 La compañía de Sandra y Valentina: U$S 350 La suite “Tropical” $1600 Ticket ida y vuelta a Miami en American Airlines U$S 1200. Robarle la billetera a un piloto mamado: No tiene precio. Hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás, existe Mastercard. Pero tío, -intento reeinvidicar a los que duermen mientras Trevor se divierte - hay gente que se levanta a las 5 de la mañana a laburar para llevar el pan a su mesa e intentar que algún día exista la dignidad arriba y el regocijo abajo. ¿Qué le decimos a esa gente que gana 100 dólares, pero por mes? Sólo una cosa se me ocurre sobrino del alma –concluye Marcial.
Hay más días….que longanizas.
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